Ser socialmente
responsable es asumir un comportamiento transparente y ético ante los impactos que las decisiones y
actividades de la organización ocasionan en la sociedad y el medioambiente.
El papel desarrollado en este sentido se ha vuelto crítico a la hora de medir el desempeño
general y la habilidad para continuar operando de manera efectiva. Las organizaciones son objeto de
un seguimiento cada vez mayor de todas las partes interesadas, incluyendo clientes, trabajadores,
miembros, la comunidad, organizaciones no gubernamentales, estudiantes, inversionistas, donantes,
empresas y otras entidades.
Las acciones destacadas encaminadas al lograr dicho objetivo son:
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Contribuir al desarrollo sostenible, incluyendo la salud y el bienestar de la
sociedad.
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Tomar en consideración las expectativas de las entidades con las que se
relaciona.
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Cumplir con la legislación aplicable y ser coherente con la normativa
internacional de comportamiento.
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Integrar estos principios en toda la organización y llevarlos a la práctica en
sus relaciones